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La historia de un basurero transformado en Cementerio evangélico, que se convirtió en un lugar digno para los muertos en Ocaña

La historia de un basurero transformado en Cementerio evangélico, que se convirtió en un lugar digno para los muertos en Ocaña

En el año 1946 cuando el partido Conservador logró nuevamente estar en el poder colombiano, volvió a regir el Concordato.  Los cementerios que durante un tiempo fueron administrados por las autoridades civiles, fueron devueltos bajo control del clero.  La preocupación para los evangélicos de la época era inminente, pues el Campo Santo solo estaba reservado para sepelio de católicos en comunión con la iglesia, los demás (herejes, masones, protestantes, suicidas y prostitutas) debían ser enterrados en otro lugar.

El 10 de noviembre de ese año la señora  Inocencia Garay de 82 años, falleció.  Era la primer evangélica bautizada en la iglesia Alianza Central de Ocaña.  Los feligreses amigos a la anciana fueron muy estratégicos.  Consiguieron el ataúd y planearon el servicio.  Acudieron al Palacio Municipal para presentar el certificado de defunción y solicitar el boleto para el entierro.  Sin embargo, cuando acudieron a la Casa Cural el sacerdote del momento reconoció a los líderes evangélicos y colocó una frase en la boleta: Este cadáver no puede ser enterrado en Campo Santo sino en fosa común.


Muy temprano el 11 de noviembre una delegación acudió al cementerio para avisar al sepulturero que se debía abrir una tumba. Llegó el momento del servicio y en medio de insultos e injurias, así como interrupciones se logró bajar los restos de Inocencia a la tumba.  Por varios días, los amigos de la fallecida sospechaban que exhumaran el cadáver para enterrarlo en otro lugar, pero por fortuna los restos de la anciana reposaron en paz.

Frente al Cementerio municipal existía un basurero, el cual mostraba a lo lejos una lápida en medio de la basura.  La historia se remonta a finales de los años veinte. Para los masones (algunos destacados que vivían en Ocaña) y sus familias no había entrada al Cementerio Central porque estaba bajo el control absoluto de la iglesia, decidieron adquirir un terreno y planearon un Cementerio Cívico en donde el sepelio no tuviera discriminación. Sólo hubo un entierro allí antes de 1930, pues cuando los liberales llegaron al poder, el Cementerio Municipal estaba disponible con iguales derechos para todos.  El Cementerio Cívico fue abandonado y se convirtió en basurero.

Luego de los dilemas que se enfrentaron por la sepultura de la señora Inocencia Garay, se realizó una investigación y fue localizado en Barranquilla uno de los fundadores del Cementerio Cívico. Los líderes evangélicos de la Iglesia Alianza Central le explicaron al profesional del Derecho el problema que enfrentaban. Él mismo se encargó de hacer los arreglos necesarios y escrituró el terreno a la Iglesia Evangélica de Ocaña. 

Este abogado que emuló la generosidad de José de Arimatea, motivó a los feligreses a transformar el basurero en un lugar digno y respetable para los muertos, el cual se mantiene hasta hoy.

Escrito tomado del libro Hacaritama – Eloy Anderson

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