El hilo de la música estaba por mucho tiempo recorriendo las vidas de cinco personas que en sus caminos independientes fortalecieron sus habilidades, sumaron experiencias, desarrollaron proyectos y soñaron con escenarios vibrantes con todas las generaciones; y como si se tratara de un artesano, el camino unió esos hilos para tejer lo que hoy conocemos como la Vieja Guardia, un grupo conformado por tres generaciones conectadas por el Rock – Pop que los hizo vibrar en los años maravillosos.
Carlos Camargo en el bajo, Miguel Johan Romero en la batería, Saúl Pacheco en la guitarra, Fernando Ibáñez en el piano y Augusto Conde en la voz, se propusieron descoser prejuicios existentes en el pasado frente al género y diseñar desde cero el sueño de construir una banda con una orientación empresarial; como una empresa que requería de un equipo que respaldara las áreas necesarias para mantener el enfoque, se unieron cuatros mujeres Estefanía Escalante, Diana Martínez, Madeline Rodríguez y Lina Gutiérrez. “Ellas le dieron la puntada faltante a este tejido musical para fortalecer el proyecto”: Saúl Andrés Pacheco líder de la banda.




“Nos dimos cuenta que no podíamos solos; y fue allí cuando hablamos con nuestras esposas para invitarlas a que ellas tuvieran roles. Adicionalmente me tomé la tarea de establecer una misión, visión y manual de funciones teniendo en cuenta que la vieja Guardia no solo somos 5 personas sino un equipo que en eventos suma más de 10”: afirma Pacheco.
Estefanía, Diana, Madeline y Lina vieron la necesidad de que ellos tuvieran un apoyo externo en la organización de eventos, es así que decidieron unirse teniendo una gerente que se encargara de buscar las oportunidades, las contrataciones, un quipo para comunicaciones, redes sociales y apoyo logístico.




“Somos un grupo de 4 mujeres que hacemos toda una logística en cada uno de los eventos de los muchachos; nos ha gustado porque eso hace que no solo sea un proyecto musical sino un proyecto familiar, entonces ellos siempre van a estar acompañados y apoyados y eso creo que ha ayudado a que la banda encamine de mejor manera a centrarse en la música” Estefanía Escalante equipo de comunicaciones de la banda La Vieja Guardia.
Esta banda para la escena del rock y pop en la región, representa la posibilidad de recargar las baterías; con la Vieja Guardia se da la oportunidad de crear espacios en donde no solo pueda disfrutar el adulto, sino todos los miembros de la familia “mostrar a las generaciones nuevas de músicos la oportunidad de ver cómo debe organizarse cualquier tipo de agrupación para que se convierta no solo en un pasatiempo sino en una empresa que te genere un ingreso y que tenga una proyección de crecimiento; eso es lo que aportamos en el camino de la formación pues tres de los integrantes de la banda somos maestros de música” Saúl Pacheco.
Carlos Camargo es el menor del grupo, creció viendo ensayar a los demás miembros de la banda, en el escenario, haciendo música; eso hace que hoy el ser parte de este proyecto que busca la construcción de cultura y sociedad a través de la música lo haga sentir afortunado.
“Me parece muy curioso como la vida me fue llevando a eso, en mi infancia mi mamá estaba en un coro comunitario, Saúl junto con otros amigos de ella, iban a la casa ensayaban, hacían tertulias, tocaban la guitarra, y yo, admiraba mucho que tocaban canciones de Alejandro Sanz”: Camargo




Carlos recuerda que en esa época existía algo llamado concierto latinoamericano, que hacían todos los diciembres en Ocaña, en el que siempre estuvo presente junto a su mamá, forjando el sueño de ser parte en el escenario, sin embargo, el concierto se acabó y nunca tuvo esa oportunidad. “Vivía en Bogotá y la pandemia me hizo regresar a Ocaña, me pude reencontrar con la música, igual estudié cine en Bogotá estando relacionado con el arte, pero llegar acá fue como reencontrarme con esas raíces y casualmente se dio la oportunidad de compartir con esas personas que yo admiraba de pequeño, entonces la experiencia ha sido muy enriquecedora y me ha ayudado a crecer un montón y a ver el valor cultural que uno le puede aportar a la sociedad”.
Como artista audiovisual reconoce el arte como poder transformador de la cultura, sin embargo, siente que ser parte de la Vieja Guardia ha sido realmente lo que le ha permitido explorar ese impacto que genera el arte en el crecimiento del ser humano en sociedad.












Augusto Conde es considerado un pionero del Rock en Ocaña, y es con la Vieja Guardia desde hace un año que materializa su sueño de constituir una banda. “La música desde niño fue mi gran amor. Mis comienzos fueron en Bogotá buscando alternativas para lograr mi propósito, cantando en los buses y tocando muchas puertas, porque mi sueño fue siempre tener una banda y no se me había dado la oportunidad.” La falta de oportunidades hizo que Augusto se alejara de la música por un tiempo; sintiéndose desmotivado dejó su guitarra abandonada hasta que las personas a su alrededor llamaron su atención y lo invitaron a no rendirse. En paralelo empezó a conectarse con los otros miembros de la banda tomando la decisión de empezar de cero, pero ya no como solista sino con un equipo, como ellos llaman una familia musical. “Nos ha dado muy buenos resultados porque especialmente yo quiero dejar un legado a la juventud de buscar temas donde haya buenas armonías, buenas letras y tener claro su enfoque y eso es lo que la Vieja Guardia está haciendo, dejar un legado”.




Fernando Ibáñez ha tenido una experiencia empírica -inicialmente- al igual que los demás miembros de la banda que se empezaron a orientar por las notas predominantes de los 80s y 90s. “Nos enamoramos de la música por esos sonidos, formas y letras que tenían mucho significado que atraía a gran cantidad de jóvenes pero que éramos estigmatizados. Hasta mis papás en algún momento llegaron a sentir temor de que yo estuviera en una banda”: Fernando.




Contó con la gran fortuna de estudiar música sumando experiencia académica y actualmente siente que la Vieja Guardia le abre nuevos horizontes, resaltando que hoy en día cuentan con otro panorama. Los conciertos que ofrecen se disfrutan sanamente con la participación de todos los miembros de las familias desde niños hasta adultos mayores, cantando, aplaudiendo y recibiendo esa energía de la música, pero también entregándosela a este gran proyecto.
Miguel Johan nos cuenta que se vienen nuevos proyectos, resalta que están en proceso de composición musical cuyas letras tejerán la expresión del amor “el amor por lo que estamos haciendo, por los instrumentos y por nuestras familias se verán reflejadas en los escritos y las melodías” para llegar a festivales a nivel nacional porque quieren dar ejemplo que si se trabaja en equipo, disciplina y entrega se puede llegar a grandes escenarios.




La música es transformadora y depende de un trabajo duro, así como lo viene haciendo este grupo de artistas que cuenta con la experiencia, la academia y la energía para servir de guía a otros que sueñan con que los proyectos musicales en Ocaña y la región sean posibles.





