Raquel Carrascal de Manzano hizo sus primeros pinitos en el dispensario que en aquella época estaba ubicado en el antiguo Telecom; Allí aprendió la enfermería. Posteriormente, al construirse el hospital Emiro Quintero Cañizares, se unió al equipo del área de urgencias, donde trabajó durante siete años atendiendo partos. Luego la vida la llevó a Convención para recibir los nacimientos de este municipio, lo que le permitió especializarse en ese campo.
Raquel recuerda que uno de los grandes cambios en su carrera ocurrió cuando los médicos le autorizaron aplicar pitocina para la inducción del parto. Esta innovación significó un alivio para sus pacientes, pues aceleraba el proceso y les hacía sufrir menos. Contaba con un equipo completo para atender tanto a la madre como al recién nacido en la comodidad de su casa. Tras cada nacimiento debía diligenciar un formato y llevarlo al hospital para realizar el registro del bebé.
Posee una herramienta especial: una copita de madera que le permite escuchar las palpitaciones del bebé. Según la partera de Juan XXIII los ruidos del varón son de 80 palpitaciones por minuto y las de la hembra son 120; esto se debe a que las niñas suelen permanecer boca arriba en el vientre y los niños boca abajo. En esta labor se encontró con partos difíciles pero la experiencia le permitía conocer la posición en la que venía el bebé para informarle con prontitud a la madre y tomar las precauciones necesarias.




“Soy fundadora del barrio Juan XXIII, tengo 67 años de vivir en ese barrio donde atendí 286 partos,” Raquel Carrascal De Manzano.
A veces cuando camina por la calle, las personas se le quedan mirando y le dicen: “Usted me recibió”. Aunque ella no recuerda sus rostros porque luego del parto los vuelve a ver ya adultos, siente una gran alegría con estos encuentros que le recuerdan que recibió muchas vidas; “por eso es que Dios me ha dado bastante vida, tengo 94 años y me siento muy bien. Aún vienen a mi casa para consultar sobre sus embarazos; les digo el sexo y las fechas, y todo sale bien”.
Ser partera no solo le ha permitido ayudar a muchas familias, sino también sostener económicamente a la suya. Ella solía calcular sus deudas en términos de partos; incluso construyó su casa contando con un cierto número de ellos.
Hoy reconocemos la importante labor de Raquel en Ocaña y municipios de la provincia aportando a la salud materna con un acompañamiento digno a mujeres rurales en su mayoría.
Esta vital mujer considera fundamental formar nuevas parteras, pues tiene claro que es un saber invaluable que recibe vidas, por eso está segura de que es clave promover el reconocimiento, la protección y la formación de las parteras.





