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De citadina a neocampesina para reinventar su estilo de vida

De citadina a neocampesina para reinventar su estilo de vida

Nazly Juliana Navarro Maldonado es Ingeniera Ambiental, una profesión que supo combinar con el baile y la gestión cultural.  Hoy es una emprendedora  del campo, radicada  en la vereda El Arado, muy cerca a  Oropoma en  Ábrego.

Son muchas las cosas que conectan a Nazly con la vereda.  Estar en ese lugar, disfrutarlo y decir que fue una voluntad de Dios, teniendo en cuenta que por muchos años junto a su esposo e hijos buscaron una casa espaciosa que les diera la oportunidad de establecer una huerta.  En el 2020 cuando se presentó la invitación de “vivir en el campo”, no la desaprovecharon.

Su madre es una reconocida maestra de Ocaña y su padre un amante del campo, una dualidad que complementó a Nazly durante toda su infancia y crecimiento, permitiéndole aprender de las diferencias.

Su mamá mantuvo un espíritu citadino, y eso le permitió conocer el arte de la danza, estudiar una carrera universitaria, encontrar el gusto por la escritura de proyectos y disfrutar el constante aprendizaje, reconociendo en los otros el potencial que tienen. Además, recuerda con emoción las vacaciones junto a su papá en el campo, las cuales eran la recompensa por el esfuerzo escolar y las buenas calificaciones. 

 “De mi papá aprendí a reconocer la sabiduría con la que cada uno nace, e ir descubriéndola en cada una de las personas con las que puedo compartir; de mi madre que me convirtió en una profesional, que me gusta educar a niños y transmitir lo aprendido con los demás” Nazly Juliana Navarro Maldonado

En este camino de transición de la ciudad al campo, tuvo que aprender y desaprender muchas cosas, el saber que sus amigos y familiares se les dificulta ir al campo porque les encanta la ciudad, le permite reconocer que eso también, está bien.

“Parte de lo que tuve que reaprender, fue a identificar y a familiarizarme con los sonidos que se tienen aquí en la naturaleza, a romper miedos del silencio, de la soledad, el miedo a estar tan distante, tan silencioso todo, pero a la vez tan lleno de sonidos fabulosos de los animales; el miedo también a la incertidumbre, es decir, estoy aquí en este territorio en este campo tan hermoso pero en cualquier momento me pueden decir que se terminó nuestro ciclo aquí.  Eso me ha llevado a disfrutar cada día con los animales, las plantas, los sonidos y las personas con las que comparto”.

Ser profesional también ha implicado desaprender, porque se ha dado cuenta que hay mucho que aprender; convivir con la naturaleza le ha permitido saber que a veces esa parte técnica es buena e importante, pero también hay que saber desligarse de muchos conceptos para poder convivir en plenitud en el campo.

Granja agroindustrial Los Criollos, es uno de los proyectos que mueve a esta mujer neocampesina, que parte del trabajo en comunidad desde la buena convivencia y trabajando desde las habilidades presentes para apoyarse a través de las redes sociales brindando la posibilidad de comercialización de los productos, para que los campesinos puedan beneficiarse económicamente.

“La granja está en varias partes del departamento y hacemos publicidad para el beneficio de todos, ofrecemos productos orgánicos, artesanales que no lo tiene un solo productor, sino que lo tienen varios y lo que hacemos es comercializarlo”

Para Nazly compartir esta experiencia con su esposo e hijos es maravilloso, aunque a veces frustrante.  Por un lado, maneja su propio tiempo con una serie de propósitos diarios y por otro reconoce que, al estar distantes de la comunidad urbana, se tienen menos alternativas para aprender y para el esparcimiento cultural y artístico. Sin embargo, están en un proceso de vivir y amar lo que se vive.

En ese sentido es importante que la comunidad campesina cuente con esos espacios de esparcimiento, esas oportunidades para aprender sobre arte, sobre otros tipos de culturas, incluso para socializar y hablar de lo que se hace en el campo, compartir los saberes campesinos con la misma comunidad, por ello con la Fundación Ecoturistica Tarigua han generado ese tipo de espacios a través del apoyo que brinda el Ministerio de Cultura, pensando en que si sus hijos piden esos procesos, pues los niños de la comunidad también los necesitan.

Otro espacio interesante que comparten en la vereda es el que brinda la Eco Aldea Pacha Mama, en el que se encuentran para aprender cosas del campo, cosas de resistencia, cosas de tipo espiritual, a tener un buen comportamiento, a amar a las personas, a los animales, a reconocer en todo la grandeza de Dios.

El campo…
“Nos ha permitido como familia poder conocernos, poder compartir con ellos, disfrutarlos, poder educarlos, enseñarles cosas que me apasionan”

“A mi hijo Juan Diego no le gusta ir a la ciudad, disfruta del silencio, el estar en soledad, el barro, manejar bicicleta, ir a la quebrada”

“Mi hija Juana Valentina disfruta la compañía con sus primos que viven cerca, disfruta reconocerse como niña que va creciendo, ha podido disfrutar toda su feminidad, disfruta el estar aquí, poder hablar, el poder crear a través de internet, disfruta el espacio”

“Mi hija Juana Isabel como está pequeña, le encanta estar al lado mío, hacer todo lo que yo hago, me acompaña en la huerta, a visitar nuestras vecinas las gallinas y agradecerle por los huevos, revisar los detalles para que estén cómodas, es la que me trae el agua, la que tiene la herramienta pequeña, la que sabe de insectos”

Nazly sueña con enseñarle a los niños y jóvenes a crear huertas, para que estos se empoderen en la comunidad rural para amar el campo, trabajarlo y ponerlo a producir, para sacar de adentro todo ese potencial.   Está convencida que hay esperanza en el campo, sin embargo, se necesita de unas garantías, un lobo solitario dice, no puede hacer nada en el campo, se necesita de una familia, de una comunidad que quiera acompañar ese trabajo, porque en el campo siempre hay algo que hacer.  “La madre naturaleza siempre está en constante creación y si nosotros queremos imitarla, también tenemos que estar en constante creación nosotros, en constante movimiento, es necesario empoderar a las personas, hacer un diagnóstico e identificar qué tenemos y qué necesitamos en cuanto herramientas, insumos para desarrollar el campo desde lo social, económico y cultural.  Se vienen muchas cosas bonitas para el campo así que creo que hay mucha esperanza, pero hay mucho por trabajar para que esa esperanza sea una realidad”.

 

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