En el corazón del Catatumbo, un grupo de campesinos decidió cambiar su destino a través de la yuca. Asoproyuta nació en plena pandemia con el objetivo de evitar que su producción se perdiera.
“Esa yuca es tarrense”, comentan los vendedores de verduras en el mercado público de Ocaña, cuando las personas se acercan a comprar este tubérculo, tan necesario para los mayores como tradicional para las nuevas generaciones. La frase se construyó por décadas, cuando los habitantes de la provincia supieron que la yuca que estaban comiendo provenía del Catatumbo.

La fama se ha mantenido y con ella han aparecido grupos de campesinos que se han unido y fortalecido, como la Asociación de productores de yuca de El Tarra, Asoproyuta, que ha buscado la manera de sacarle provecho a esa popularidad que ronda por los pasillos de los locales agrícolas de Ocaña y otros municipios de la región.
Esta asociación nació a comienzos del 2020 ante la necesidad de mejorar los precios de venta; pero fueron sorprendidos en septiembre de ese mismo año por la caótica cuarentena producida por el Covid-19; sin embaro, con la esperanza de que esos cultivos de yuca que se producían en las tierras del municipio de El Tarra, se mantuvieron firmes.
“Asoproyuta nació porque los campesinos estábamos ponchados con la producción de yuca”, afirma Huber Carvajalino Rodríguez, representante legal de esta asociación, que vio en este producto agrícola la posibilidad de emprender de otra manera, realizando empanadas, croquetas y otros derivados del procesamiento de la yuca, cultivo insignia de las montañas catatumberas.

Enviaron a integrantes de la asociación a la ciudad de Bogotá con el objetivo de averiguar las máquinas que podrían funcionar para el procesamiento de la yuca, pero el sueño se estancó ante los altos precios de la infraestructura, por lo cual se replantearon la manera de seguir trabajando.
10 personas integraban la asociación y su comercialización solo era en el municipio de El Tarra, hasta que llegó la Federación de productores del Catatumbo y provincia de Ocaña, Fedeprocap, y les dio el impulso que necesitaban.
“Fedeprocap llegó en un momento difícil de la asociación, donde ya decíamos que no íbamos a seguir más”, comenta Huber, al recordar cómo la mano amiga de esta federación de segundo nivel los llevó por el camino correcto, aumentando sus cultivos, ampliando su comercialización e industrializando sus productos.

Actualmente producen 20 toneladas mensuales de yuca, su sueño es conquistar con croquetas, empanadas y deditos de yuca el mercado regional y así poder mostrar al país y al mundo que en el Catatumbo no solo se procesan los cultivos de uso ilícito, sino que también se industrializa el campo y, con ello se mejora la vida de muchas familias que sueñan con vivir y trabajar en un territorio lleno de oportunidades.




